La libertad es preciada para quien la recuerda,
quien no la olvida día a día
y problema tras problema.
Saber huir de las ataduras es difícil,
no se consigue a la primera,
pero cuando de verdad lo logras,
el gozo invade tu cuerpo.
Te vuelves alma de pájaro, espíritu efímero,
capaz de volar y elevarse hacia su destino.
Pájaros más grandes culminaron montañas más altas,
mas eso, no es motivo para venirse abajo,
sino para crecer aún más.
Seguimos caminos, espiamos umbrales,
pero al final siempre llegamos al nuestro,
fatuo de fuego y lleno de espectro.
Hoy mi libertad se llama Martín,
un dulce niño que corre por la playa,
junto a su Tobi,
olvidando a sus padres.
"-MARTÍN!! MARTÍN!!" es melodía
para mis labios,
e himno para mis oídos.
(Siii!)
Luego vienen los llantos,
y con ellos el fuerte golpe seco
que nos llevamos al volver a la realidad.
Pero, es en ese preciso instante,
en el que deberíamos disponernos hacia el horizonte,
cerrar los ojos,
y pensar en blanco.
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