...y un día se fue de casa.
Una casa de apenas unos 9 cm de superficie pero parecía de metros cuadrados sin él .
Hizo las maletas, sus pequeñas maletas y desapareció sin más.
Lo más extraño es que él no quería irse, decidieron por él y no le dejaron siquiera exponer sus quejas o sus deseos. Abandonó a su amante, a su querida, a su compañera del alma, y ambos cayeron en depresión.
Ella se quedó sola, sin distracciones, sin poder salir de su hogar, aunque hogar no era la palabra más adecuada para referirse a aquel espacio vacío sin más vida que la que ella podía aportar.
A él lo trasladaron a otro edificio, era su nueva casa , un domicilio pasajero, pero él no lo sabía. Sólo podía fijarse en todos los demás individuos que también lo residían, eran extraños para él, locos más bien, costumbres y hábitos tan diferentes que no podía asimilar; creyó estar en un manicomio, un manicomio oscuro y sin salida aparente, rodeado de monstruos que no respetaban su espacio y que no hacían más que quejarse de desgraciados.
Fue poco tiempo después, horas en realidad pero días para él, en el que se dio cuenta de que los demás también habían sido raptados de sus hogares y encerrados en aquel centro con expectativas muy poco alentadoras. Hablando con unos pocos, o comunicándose como podía ya que ni por compartir no compartían ni el idioma, se enteró que al igual que él los habían apartado de sus seres queridos: amigos, familiares, hermanos, hijos...partes de ellos, llegando a la conclusión de que el que de verdad necesitaba un psiquiátrico era el responsable de aquel motín.
"¿Qué les habían hecho a aquel ser superior en tamaño pero no en inteligencia para desterrarlos a aquel desierto tan lleno y a la vez tan vacío de sentido común y humanismo?"
Fue la pregunta que el cepillo de dientes, el bote de champú, las zapatillas, los calzoncillos y más se hicieron en todo el período de tiempo y recorrido de calles sin dirección en el que estuvieron encerrados en aquella maleta.
lunes, 25 de febrero de 2013
sábado, 23 de febrero de 2013
De la mitología o relativo a ella
Iba tirando sonrisas por la calle
compartía su felicidad con todos aquellos que la precisaban
derrochaba sus brillantes ideas
mostraba con desparpajo su afortunado don.
Pecaba incluso de logorrea
coleccionando diversas caras de asco
hasta conseguir su extinción
a medida que sus palabras fluían sin receptor.
Cuando llovía
bailaba bajo la lluvia
y la lluvia bailaba bajo sus pies
contagiándose.
Lanzaba miradas desgarradoramente entrañables
desnudando a todo a aquel que las interceptaba
luego, más que descubiertos parecían relajados
sin expectativas que cumplir, sin clichés.
Ente, ente, ente
ninfa, gnomo o duende
unicornio, hada o sirena
luna de invierno semillena.
¿ Qué era?
compartía su felicidad con todos aquellos que la precisaban
derrochaba sus brillantes ideas
mostraba con desparpajo su afortunado don.
Pecaba incluso de logorrea
coleccionando diversas caras de asco
hasta conseguir su extinción
a medida que sus palabras fluían sin receptor.
Cuando llovía
bailaba bajo la lluvia
y la lluvia bailaba bajo sus pies
contagiándose.
Lanzaba miradas desgarradoramente entrañables
desnudando a todo a aquel que las interceptaba
luego, más que descubiertos parecían relajados
sin expectativas que cumplir, sin clichés.
Ente, ente, ente
ninfa, gnomo o duende
unicornio, hada o sirena
luna de invierno semillena.
¿ Qué era?
lunes, 18 de febrero de 2013
La expedición.
Peregriné sin descanso, meticulosamente y con ganas de deleitarme del paisaje de aquel continente.
Navegué por las ondas de tu cabello, travieso, escaso, suficiente. Me batí con las sirenas que lo guardaban de extraños, esquivándolas para que no me hechizasen con su canto, tus ojos grises, de plata, bellísimos.
A continuación me tope con dos caracolas, gemelas, idénticas, mudas y ciegas, se limitaban a escuchar mis pasos por la arena, tus orejas. ¿Y la arena? Toda aquella que aguardaba y reposaba bajo todo lo demás, tan cambiante, tantas expresiones, ese, era tu rostro.
Pero la obra maestra de este océano era la ostra, justo debajo de la piedra pómez que había salido expulsada en alguna ocasión por el volcán que aún desconocía. La roca ígnea volcánica absorbía todos los olores del océano, que no eran pocos, esa roca se parecía a tu nariz. Justo debajo de ella estaba el molusco, con sus dos valvas medio circulares y desiguales, comestible, inocente pero con ganas de pecar y yo con él. No paraba de chapotear abriendo y cerrando sus labios, pero en lo único en lo que me fijaba era en su interior. Aquella ostra, o llamemósle boca si lo prefieres, estaba llena de perlas, y de dos tipos además.
Unas eran piedras preciosas, no solo por su simetría, sino por su lustre, una forma tan deseable, un color tan extraño, tan blanco, tan perfectas, sin nada que los empequeñecieran, tus dientes. El otro tipo de perlas eran invisibles a la vista pero perceptibles para mis oídos, eran sonidos efímeros, penetrantes, más aún que el canto de tus ojos, aquellas palabras que formaban tus dientes y que expresaba tu boca eran simplemente fascinantes, embriagadoras.
Decidí continuar con mi viaje, por mucho que me costara dejar atrás aquel tesoro escondido que muchos piratas y saqueadores anhelarían poder encontrar.
Al agua siempre le sigue la tierra, fue así pues como me adentré en otro océano, pero este era sólido, estable, de dunas, acercándome cada vez más hacía tierra firme y alejándome del líquido tan sabroso por el que había nadado.
El desierto tenía dos pequeñas pirámides, a una distancia similar desde el punto medio en el que me encontraba, calizas, sobresaliendo hacia el cielo, tus pezones sobre tu pecho, tan puros ellos y tan elegante él.
Después me encontré en una encrucijada, había tres caminos posibles, pero como tenía todo el tiempo del mundo decidí caminar y caminar. Había dos a ambos lados que parecían prácticamente iguales, empecé por ellos, con la misma longitud y con el mismo final. Los culminaban dos grandes palmeras, que se movían y acariciaban a su antojo sin necesidad de viento, las fuertes plantas un poco ásperas con sus respectivos cocos en las terminaciones concordaban con tus manos, bien sujetas por sus raíces a tus brazos, éstos a tus hombros, y éstos volvían de nuevo a las pirámides, tan inmóviles, tan frágiles.
Al terminar de inspeccionar tus extremos superiores, únicos para mí en aquellos momentos de la expedición, continué hacía abajo, sin saber lo que me iba a encontrar, aventurera, temeraria, fiel a mi misma.
Un agujero, entre la llanura de tu vientre me encontré un agujero, deducirás que se trata del ombligo, el mítico ombligo donde solo se amontona pelusa, pero no es algo tan simple, yo lo veo como tu origen, el origen de este nuevo continente por el que paseaba gustosamente. Es el pozo por el cual surgió todo, el que recibió la materia y le dio forma, tu forma, la forma que estoy describiendo tan metafóricamente, así que no lo desprecies, es más que un pozo, un agujero negro y un ombligo.
Y "BOOM", de repente me choqué contra el bosque prohibido, la arboleda mágica, la selva negra, la frondosidad de las películas que siempre esconde un secreto, tu bosque, o vello púbico escondía un volcán, un considerable volcán.
Fui deslizándome cuidadosamente a través de él hasta llegar al monumental, mayúsculo, desmesurado, colosal, exorbitante y grandioso volcán. Era sencillamente sobresaliente, no por su longitud ni por su diámetro sino por la postura tan digna que poseía, tan firme, tan obra de arte, tan a punto de erupcionar, de liberar y depositar millones de partículas de polvo y de rocas ígneas por todo aquel hemisferio. Me habría gustado ver el espectáculo, pero no quería que mi visita se acabará sin llegar hasta el otro lado, así que me limite a rozar tu miembro viril, a conocer su tacto y a no mirar atrás, pues aún quedaba el camino de vuelta para entretenerse y tomar fotos.
Luego me volvió a pasar lo mismo que anteriormente con los brazos, dos caminos pero una sola dirección, la única diferencia es que en este caso ambos estaban juntos dejando entre ellos una abertura, grieta por la cual fui jugando y saltando cual niña pequeña, avanzado por aquel desafío, despacio, sin prisa alguna, esquivando pequeñas mesetas semejantes a tus rodillas y deslizándome por toboganes que resultaban ser tus piernas hasta llegar hasta tus pies anatomicamente perfectos.
Sin metáforas ni adornos, simplemente llegué a tus pies, a la meta, al fin del continente, pies, solo pies, pero éstos estaban tocando el suelo, el mismo que estaba pisando yo, y eso te hacía real, y a mi, me hacía feliz.
Ya podía entonces emprender el camino de vuelta, pues la verdadera expedición acababa de empezar.
Navegué por las ondas de tu cabello, travieso, escaso, suficiente. Me batí con las sirenas que lo guardaban de extraños, esquivándolas para que no me hechizasen con su canto, tus ojos grises, de plata, bellísimos.
A continuación me tope con dos caracolas, gemelas, idénticas, mudas y ciegas, se limitaban a escuchar mis pasos por la arena, tus orejas. ¿Y la arena? Toda aquella que aguardaba y reposaba bajo todo lo demás, tan cambiante, tantas expresiones, ese, era tu rostro.
Pero la obra maestra de este océano era la ostra, justo debajo de la piedra pómez que había salido expulsada en alguna ocasión por el volcán que aún desconocía. La roca ígnea volcánica absorbía todos los olores del océano, que no eran pocos, esa roca se parecía a tu nariz. Justo debajo de ella estaba el molusco, con sus dos valvas medio circulares y desiguales, comestible, inocente pero con ganas de pecar y yo con él. No paraba de chapotear abriendo y cerrando sus labios, pero en lo único en lo que me fijaba era en su interior. Aquella ostra, o llamemósle boca si lo prefieres, estaba llena de perlas, y de dos tipos además.
Unas eran piedras preciosas, no solo por su simetría, sino por su lustre, una forma tan deseable, un color tan extraño, tan blanco, tan perfectas, sin nada que los empequeñecieran, tus dientes. El otro tipo de perlas eran invisibles a la vista pero perceptibles para mis oídos, eran sonidos efímeros, penetrantes, más aún que el canto de tus ojos, aquellas palabras que formaban tus dientes y que expresaba tu boca eran simplemente fascinantes, embriagadoras.
Decidí continuar con mi viaje, por mucho que me costara dejar atrás aquel tesoro escondido que muchos piratas y saqueadores anhelarían poder encontrar.
Al agua siempre le sigue la tierra, fue así pues como me adentré en otro océano, pero este era sólido, estable, de dunas, acercándome cada vez más hacía tierra firme y alejándome del líquido tan sabroso por el que había nadado.
El desierto tenía dos pequeñas pirámides, a una distancia similar desde el punto medio en el que me encontraba, calizas, sobresaliendo hacia el cielo, tus pezones sobre tu pecho, tan puros ellos y tan elegante él.
Después me encontré en una encrucijada, había tres caminos posibles, pero como tenía todo el tiempo del mundo decidí caminar y caminar. Había dos a ambos lados que parecían prácticamente iguales, empecé por ellos, con la misma longitud y con el mismo final. Los culminaban dos grandes palmeras, que se movían y acariciaban a su antojo sin necesidad de viento, las fuertes plantas un poco ásperas con sus respectivos cocos en las terminaciones concordaban con tus manos, bien sujetas por sus raíces a tus brazos, éstos a tus hombros, y éstos volvían de nuevo a las pirámides, tan inmóviles, tan frágiles.
Al terminar de inspeccionar tus extremos superiores, únicos para mí en aquellos momentos de la expedición, continué hacía abajo, sin saber lo que me iba a encontrar, aventurera, temeraria, fiel a mi misma.
Un agujero, entre la llanura de tu vientre me encontré un agujero, deducirás que se trata del ombligo, el mítico ombligo donde solo se amontona pelusa, pero no es algo tan simple, yo lo veo como tu origen, el origen de este nuevo continente por el que paseaba gustosamente. Es el pozo por el cual surgió todo, el que recibió la materia y le dio forma, tu forma, la forma que estoy describiendo tan metafóricamente, así que no lo desprecies, es más que un pozo, un agujero negro y un ombligo.
Y "BOOM", de repente me choqué contra el bosque prohibido, la arboleda mágica, la selva negra, la frondosidad de las películas que siempre esconde un secreto, tu bosque, o vello púbico escondía un volcán, un considerable volcán.
Fui deslizándome cuidadosamente a través de él hasta llegar al monumental, mayúsculo, desmesurado, colosal, exorbitante y grandioso volcán. Era sencillamente sobresaliente, no por su longitud ni por su diámetro sino por la postura tan digna que poseía, tan firme, tan obra de arte, tan a punto de erupcionar, de liberar y depositar millones de partículas de polvo y de rocas ígneas por todo aquel hemisferio. Me habría gustado ver el espectáculo, pero no quería que mi visita se acabará sin llegar hasta el otro lado, así que me limite a rozar tu miembro viril, a conocer su tacto y a no mirar atrás, pues aún quedaba el camino de vuelta para entretenerse y tomar fotos.
Luego me volvió a pasar lo mismo que anteriormente con los brazos, dos caminos pero una sola dirección, la única diferencia es que en este caso ambos estaban juntos dejando entre ellos una abertura, grieta por la cual fui jugando y saltando cual niña pequeña, avanzado por aquel desafío, despacio, sin prisa alguna, esquivando pequeñas mesetas semejantes a tus rodillas y deslizándome por toboganes que resultaban ser tus piernas hasta llegar hasta tus pies anatomicamente perfectos.
Sin metáforas ni adornos, simplemente llegué a tus pies, a la meta, al fin del continente, pies, solo pies, pero éstos estaban tocando el suelo, el mismo que estaba pisando yo, y eso te hacía real, y a mi, me hacía feliz.
Ya podía entonces emprender el camino de vuelta, pues la verdadera expedición acababa de empezar.
domingo, 17 de febrero de 2013
Yo, la Duquesa de la Incertidumbre
Pasado y Presente conviven de la mano a tan solo unos metros ya desde hace bastante tiempo.
Ambos fueron muy intensos, además de que decidieron intercalarse intermitentemente, tal que así:
"pasado-presente-PASADO- presente-presente-presente-¿futuro?-presente-¿futuro?"
...pero ¿futuro? ¿es posible que apareciese el futuro? ¿Mi futuro?.
Surgió de la nada, como una mosca en verano, una ventosidad silenciosa, un fotografía tomada por sorpresa, una estrella fugaz en el cielo... pero ¿será tan sincero, tan duradero y tan de fiar como el amor incondicional de una madre por su hijo?.
Mejor dejémosle como un posible futuro y llamémosle "El Duque de la Incerteza", por si acaso.
Es cierto que el Duque me recibió con las brazos abiertos cuando los gemelos Pasado y Presente decidieron abandonarme, pero viven a tan solo unos pasos unos de otros como para cerrar los ojos y dejarme caer esperando a que me coja.
Respecto a Presente, creo que va siendo hora de que el busque a sus Futuras y yo a mis Futuros durante un tiempo, y si no sale bien, siempre podemos hacer un flashback, divertirnos, y volver a la busca y captura, pues de lo único que estoy segura es de que este ente no es mi Futuro, simplemente un buen amigo.
Respecto a Pasado, creo que se va a quedar en Pasado, pues yo, no tengo más que intentar o añadir.
Respecto al "Duque de la Incerteza", solo decir: Bienvenido seas.
miércoles, 13 de febrero de 2013
Con dedicatoria:
Tú, bicho.
El que me ha hecho convertirme,
en tu especie.
¿Para qué? -no lo sé, aún estoy esperando-.
Tú, bicho.
Te conocí en persona,
pero me enamoraste en sueños.
¿Qué por eso estoy soñando? -puede-.
El que me ha hecho convertirme,
en tu especie.
¿Para qué? -no lo sé, aún estoy esperando-.
Tú, bicho.
Te conocí en persona,
pero me enamoraste en sueños.
¿Qué por eso estoy soñando? -puede-.
Oh my angel, my mistery angel,
stay with me.
Tonight, tonight...
¿Qué enfermedad padece?
-Es usted muy bonito.
-¡Caprichos! supongo, muy pronto lo sabrá.
-A él me refiero- prosiguió
-Explíqueme por qué, lo mismo me ha ocurrido a mi.
-¡Caprichos! supongo, muy pronto lo sabrá.
-A él me refiero- prosiguió
-Explíqueme por qué, lo mismo me ha ocurrido a mi.
lunes, 11 de febrero de 2013
Los votos de la novia
Eres gordo, feo y creído,
pero me has enamorado.
Eres más viejo, más alto y más arrugado,
pero aún así lo has hecho.
No eres mi media naranja, sino que más bien eres mis 3/4 de sandía,
pero aún así lo has conseguido.
Eres borde, arrogante y malhablado,
pero no te querría en otro sitio que no fuera a mi lado.
Eres pobre, tienes un hijo y adicción al tabaco,
pero no puedo dejar de pensar en ti.
Así que créeme cuando te digo que te quiero y que quiero pasar el resto de mi vida contigo.
pero me has enamorado.
Eres más viejo, más alto y más arrugado,
pero aún así lo has hecho.
No eres mi media naranja, sino que más bien eres mis 3/4 de sandía,
pero aún así lo has conseguido.
Eres borde, arrogante y malhablado,
pero no te querría en otro sitio que no fuera a mi lado.
Eres pobre, tienes un hijo y adicción al tabaco,
pero no puedo dejar de pensar en ti.
Así que créeme cuando te digo que te quiero y que quiero pasar el resto de mi vida contigo.
domingo, 10 de febrero de 2013
La nueva protagonista
Sin caras ni prendas visibles, solo siluetas.
Cuerpos negros, sin rasgos ni cicatrices, solo perfiles con voz.
Voces con la misión de enamorar, graves o agudas, pero nadie sin la suya.
Ojos oscuros, pero todos con visión.
Oídos invisibles, pero capaces de percibir hasta el sonido más suave.
Seríamos sosos y aburridos visualmente, pero privilegiados de poder mostrarnos desde el interior, tal como sintiésemos.
Sin gestos sucios, caras absurdas o acciones que resultasen desagradables. Con una risa sincera, una amabilidad desbordante y una imaginación inimaginable.
Nosotros pasaríamos a ser sombras con una vida; la naturaleza pasaría a ser esa vida.
Ella nos decoraría, nos situaría, nos movería a hacer cosas, nos complementaría, nos daría la belleza que no tendríamos y alegraría nuestra opacidad.
Pasaría del papel secundario tan insignificante que solía tener, a tomar el protagonismo convirtiéndose en el personaje principal.
Concentraría la mayor atención, participando directamente en los acontecimientos narrados, dándoles sentido, ya que en su ausencia, la historia desaparecería, no habría decoración y solo quedarían en el escenario sombras perdidas.
Sin gracia, sin final, cual obra inacabada.
sábado, 9 de febrero de 2013
Disfrazada de alcohol.
Me despierto, no tengo gusto ni olfato, mi boca está chamuscada y mi nariz contaminada, aún así sé de sobra que la habitación huele a todo menos a algo agradable, yo, incluida.
Tengo que abrir mis ojos con las manos, hasta a ese hecho tan cotidiano e involuntario le falta su propia voluntad de ser involuntario esta mañana.
Lo único que recuerdo de la noche es un abandono. No sé si yo fui la abandonada o la que abandonó, sea cual sea de las dos me entristezco. En esto, una lágrima media negra galopa hacia abajo dándole un poco de vida a mi cara deteriorada, como cuando brota un río en un suelo estéril dándole esperanza, noté humedad, estaba viva, una cosa menos de la que preocuparme; detrás de la pionera vino toda la manada.
Me doy cuenta de que no lloro exactamente por la palabra abandono, sino porque realmente no recuerdo lo que pasó y, ¿qué hay peor que sufrir por algo y no saber de que se trata?
Ahogué mis penas con alcohol, creo y supongo, pero debí de echar tanto líquido encima de ellas que finalmente se hundieron, dirigiéndose lentamente hacía abajo hasta tocar fondo. Ahora, solo tengo que averiguar el fondo de que, llevarlas a flote y afrontar la realidad sin esconderme tras sustancias pulverizadas, así por lo menos las lágrimas tendrán un motivo por el que nacer, y no parecerán tan tristes y mediocres como su dueña en estos momentos.
Tengo que abrir mis ojos con las manos, hasta a ese hecho tan cotidiano e involuntario le falta su propia voluntad de ser involuntario esta mañana.
Lo único que recuerdo de la noche es un abandono. No sé si yo fui la abandonada o la que abandonó, sea cual sea de las dos me entristezco. En esto, una lágrima media negra galopa hacia abajo dándole un poco de vida a mi cara deteriorada, como cuando brota un río en un suelo estéril dándole esperanza, noté humedad, estaba viva, una cosa menos de la que preocuparme; detrás de la pionera vino toda la manada.
Me doy cuenta de que no lloro exactamente por la palabra abandono, sino porque realmente no recuerdo lo que pasó y, ¿qué hay peor que sufrir por algo y no saber de que se trata?
Ahogué mis penas con alcohol, creo y supongo, pero debí de echar tanto líquido encima de ellas que finalmente se hundieron, dirigiéndose lentamente hacía abajo hasta tocar fondo. Ahora, solo tengo que averiguar el fondo de que, llevarlas a flote y afrontar la realidad sin esconderme tras sustancias pulverizadas, así por lo menos las lágrimas tendrán un motivo por el que nacer, y no parecerán tan tristes y mediocres como su dueña en estos momentos.
miércoles, 6 de febrero de 2013
195 nacionalidades
Dadme una cámara inagotable e impermeable,
un billete universal sin dueño y sin fecha de caducidad ,
un cuaderno con infinitas páginas que venga con un lápiz indestructible
y os daré el mundo como nunca antes lo habíais visto.
No sé exactamente cuanto tiempo necesitaré
pero estoy hablando del viaje de mi vida
no creo que la duración ni las prisas tengan sentido,
por lo menos para mi.
Cuando regrese, es posible que muchos no me reconozcan
ya que tengo pensado naturalizarme en el propio sentido de la palabra,
quizás parezca un hombre, quizás siga siendo una mujer
o quizás vuelva siendo el ser humano más bello del mundo.
No quiero GPS, no quiero bengalas o chalecos salvavidas,
no quiero móviles, no quiero tarjetas de crédito y menos aún el carnet de identidad.
Quiero ser un hijo de la naturaleza, del mundo,
quiero un nombre diferente en cada lugar en el que esté.
Me haré multinacionalista si así me lo permiten,
pero no estudiaré con libros, simplemente me limitaré a conocer
y a ser enseñada para poder ser una más.
Algo así como enriquecerse personalmente.
Mis ojos serán una película, mis brazos unos héroes,
mi vientre un superviviente, mi cerebro un testamento,
mi corazón un órgano fragmentado y disperso
y mis talones un poema.
Podrán decir que mi vida no estará hecha hasta que siente la cabeza y encuentre el amor,
ingenuos, no saben que en cada sitio al que vaya encontraré al amor de mi vida.
Razas, idiomas, costumbres y aspectos diferentes, pero siempre será la misma persona, todo lo demás es pura superficialidad.
No habrá postales ni cartas contando que todo va bien,
no habrá directamente comunicación.
Sólo os pido que me esperéis o que por lo menos no me olvidéis
porque tengo pensado volver.
Y esto, que conste,
que no es por vosotros,
es por mí!
un billete universal sin dueño y sin fecha de caducidad ,
un cuaderno con infinitas páginas que venga con un lápiz indestructible
y os daré el mundo como nunca antes lo habíais visto.
No sé exactamente cuanto tiempo necesitaré
pero estoy hablando del viaje de mi vida
no creo que la duración ni las prisas tengan sentido,
por lo menos para mi.
Cuando regrese, es posible que muchos no me reconozcan
ya que tengo pensado naturalizarme en el propio sentido de la palabra,
quizás parezca un hombre, quizás siga siendo una mujer
o quizás vuelva siendo el ser humano más bello del mundo.
No quiero GPS, no quiero bengalas o chalecos salvavidas,
no quiero móviles, no quiero tarjetas de crédito y menos aún el carnet de identidad.
Quiero ser un hijo de la naturaleza, del mundo,
quiero un nombre diferente en cada lugar en el que esté.
Me haré multinacionalista si así me lo permiten,
pero no estudiaré con libros, simplemente me limitaré a conocer
y a ser enseñada para poder ser una más.
Algo así como enriquecerse personalmente.
Mis ojos serán una película, mis brazos unos héroes,
mi vientre un superviviente, mi cerebro un testamento,
mi corazón un órgano fragmentado y disperso
y mis talones un poema.
Podrán decir que mi vida no estará hecha hasta que siente la cabeza y encuentre el amor,
ingenuos, no saben que en cada sitio al que vaya encontraré al amor de mi vida.
Razas, idiomas, costumbres y aspectos diferentes, pero siempre será la misma persona, todo lo demás es pura superficialidad.
No habrá postales ni cartas contando que todo va bien,
no habrá directamente comunicación.
Sólo os pido que me esperéis o que por lo menos no me olvidéis
porque tengo pensado volver.
Y esto, que conste,
que no es por vosotros,
es por mí!
Tanto y tan poco!
Eres tan efímero como el sol en invierno
tan bello como el arco iris en primavera
tan feliz como los niños en verano
y tan cambiante como el paisaje en otoño.
Eres tan imprevisto como los lunes
tan vergonzoso como los martes
tan descuidado como los miércoles
tan impaciente como los jueves
tan fiestero como los viernes
tan resacoso como los sábados
y tan vago como los domingos.
Eres tan puro como el amanecer
tan luminoso como el pleno día
tan tierno como el atardecer
tan inocente como el anochecer
y tan misterioso como la media noche.
Eres tan extranjero como las rosas
tan indeciso como las margaritas
tan peludo como los mocos de pavo
tan cabrón como las carnívoras
y tan sincero como los diamelos.
Eres tan limpio como lavarse las manos
tan placentero como defecar en el retrete
y tan relajante como darse una ducha.
Lo único malo, es que no eres tan mío como me gustaría...
martes, 5 de febrero de 2013
El inerte sentimentalista
Tiene ahora unos 44 años, pero por su aspecto...
por su repelente aspecto podrías echarle unos 63 perfectamente.
Tuvo una vida muy dura, principalmente porque nunca pudo decir lo que sentía; todas las personas lo usaban como querían, sin darse cuenta de que aunque fuera un objeto inanimado podría caber la posibilidad de que pudiera sentir algo, y así era, pero sin voz, ya me diréis vosotros como podía transmitirlo.
En realidad su papel era demasiado importante en la vida de muchas personas, le daba trabajo, literalmente, a su dueño, dueño que no dudo en abandonarlo, como si no le hubiera proporcionado nada, cuando le enseñaron uno ''más'' moderno; y también a sus clientes, clientes a los que ayudó, en la mayor parte, a volver a vivir, sin miedos, sin fobias, felices.
Ahora vive en un vertedero, y sus dueños...
sucias y asquerosas ratas de alcantarilla que lo despedazan poco a poco día tras día, sin darse cuenta al igual que los humanos que podría llegar a dolerle esa actividad tan canibalista.
Él era el verdadero psicólogo, el que soportó patadas, gritos, mordiscos, hechos carnales, suicidios e intentos de estos, pesos de 90 u más kilos, risas, logros, reconciliaciones... ayudó y nunca se lo agradecieron.
El pobre diván color turquesa, escucha, sufre, y también sabe. El problema es que a él nadie le escucha...
...porque nadie puede oírlo.
por su repelente aspecto podrías echarle unos 63 perfectamente.
Tuvo una vida muy dura, principalmente porque nunca pudo decir lo que sentía; todas las personas lo usaban como querían, sin darse cuenta de que aunque fuera un objeto inanimado podría caber la posibilidad de que pudiera sentir algo, y así era, pero sin voz, ya me diréis vosotros como podía transmitirlo.
En realidad su papel era demasiado importante en la vida de muchas personas, le daba trabajo, literalmente, a su dueño, dueño que no dudo en abandonarlo, como si no le hubiera proporcionado nada, cuando le enseñaron uno ''más'' moderno; y también a sus clientes, clientes a los que ayudó, en la mayor parte, a volver a vivir, sin miedos, sin fobias, felices.
Ahora vive en un vertedero, y sus dueños...
sucias y asquerosas ratas de alcantarilla que lo despedazan poco a poco día tras día, sin darse cuenta al igual que los humanos que podría llegar a dolerle esa actividad tan canibalista.
Él era el verdadero psicólogo, el que soportó patadas, gritos, mordiscos, hechos carnales, suicidios e intentos de estos, pesos de 90 u más kilos, risas, logros, reconciliaciones... ayudó y nunca se lo agradecieron.
El pobre diván color turquesa, escucha, sufre, y también sabe. El problema es que a él nadie le escucha...
...porque nadie puede oírlo.
lunes, 4 de febrero de 2013
Esto se llama amor ciego.
Me gusta, tiene agallas el leñador.
Se enfrentó al lobo, utilizó sus propias manos, sin machadas, sin palos, sin piedras; sin dolor físico.
No quería ser diferente, o por lo menos no lo aparentaba, pero lo era. Era un hombre y no un lobo disfrazado de hombre comiendo todo lo que se le pusiera delante, (preferiblemente con dos dedos de frente y tacones), un poco incoherente dado a sus principios de alopecia frontal y su medio metro mal medido.
>Sin duda, era un lobo estúpido.
Sonaba un :
"honey honey honey" de fondo cuando el leñador me rescató del siervo del lobo, un humilde suricato (también estúpido) que solo cumplía para poder comer un poco de yerba mágica, luego, se ocupó del lobo. Me llevó al acantilado, me quitó la venda de los ojos, y me contó toda esta historia que estoy relatando mientras disfrutaba con las micropartículas de sal que inundaban el aire con el romper de las olas.
No sé en que medida estas palabras son ciertas, ni como influyó el beso salado que me dio sin tocarme los labios, pero el leñador consiguió enamorarme con ellas y que decir de con él.
Se enfrentó al lobo, utilizó sus propias manos, sin machadas, sin palos, sin piedras; sin dolor físico.
No quería ser diferente, o por lo menos no lo aparentaba, pero lo era. Era un hombre y no un lobo disfrazado de hombre comiendo todo lo que se le pusiera delante, (preferiblemente con dos dedos de frente y tacones), un poco incoherente dado a sus principios de alopecia frontal y su medio metro mal medido.
>Sin duda, era un lobo estúpido.
Sonaba un :
"honey honey honey" de fondo cuando el leñador me rescató del siervo del lobo, un humilde suricato (también estúpido) que solo cumplía para poder comer un poco de yerba mágica, luego, se ocupó del lobo. Me llevó al acantilado, me quitó la venda de los ojos, y me contó toda esta historia que estoy relatando mientras disfrutaba con las micropartículas de sal que inundaban el aire con el romper de las olas.
No sé en que medida estas palabras son ciertas, ni como influyó el beso salado que me dio sin tocarme los labios, pero el leñador consiguió enamorarme con ellas y que decir de con él.
domingo, 3 de febrero de 2013
...no una bruja
Sobre disfraces
Solíamos reírnos para ocultar la realidad de la situación, cada vez que nuestras miradas se cruzaban, un éter húmedo e incómodo inundaba el espacio que nuestros cuerpos creaban.
Solo dos personas se daban cuenta de lo que realmente estaba pasando, lo extraño es que aún no se si desgraciadamente o afortunadamente, no eramos ni tú ni yo.
Ahora incluso la indiferencia nos está abandonando, quiere que crezcamos, pero seremos capaces, o volveremos a reírnos de nuevo?
Solo dos personas se daban cuenta de lo que realmente estaba pasando, lo extraño es que aún no se si desgraciadamente o afortunadamente, no eramos ni tú ni yo.
Ellos, prefirieron guardar silencio.Ninguno de los dos lo entendía, por eso nos dirigíamos directamente a la vía fácil, reírse, reírse por todo, de todos, de nada y de nosotros mismos; el interés no eligió nuestro momento, prefirió darnos a nosotros la oportunidad de buscarlo pero era un esfuerzo inútil por el que decidimos conjuntamente pero por separado ni siquiera intentarlo.
Ahora incluso la indiferencia nos está abandonando, quiere que crezcamos, pero seremos capaces, o volveremos a reírnos de nuevo?
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