Caminar no es tarea fácil,
a veces incluso ni lo intentamos. Salimos corriendo desapareciendo del cuadro o
nos quedamos parados y facilitándole al pintor nuestros perfiles.
Es agradable, acción ligera
si hay metas. Un proyecto, una recompensa, una llamada, una confesión, una
noticia, un amigo…
Pies tenemos todos, sean
griegos, egipcios o romanos no dejan de ser pies. Unos más grandes, otros más
rechonchos y algunos atrayentes. Éstos últimos culminan tus piernas, son
pequeñitos y pálidos, pero cuentan con energía interna. Liberan ondas, no
perjudiciales para nadie pero tampoco sensibles para todo el mundo; yo me
declaro hipnotizada por ellas, me llaman la atención, me transmiten ganas de
acercarme a las máquinas reproductoras. A veces en fuertes oleadas, otras
saludando de forma tímida y otras en perfecta harmonía, reconfortándome.
Me gusta llamarlas ondas CA (confianza amistosa),
especiales y vinculantes. ¿Qué provocan las ondas? ¿Qué signos escenifican
produciendo los respectivos síntomas en mi persona? Hacen que mis pies sigan a
tus pies, a su recorrido, hasta nivelarme
a su nivel, charlando de una manera informal. Acto seguido a la
ceremonia comenzamos a caminar, ¿cómo? lubricando nuestros pies con carcajadas,
cuidándolos con piropos, llenándole el depósito con propuestas y
personificándolos con secretos.
Considero así NUESTRAS
ONDAS, las que sentimos la una por la otra, las que forjan el vínculo de la
amistad. Así que María, yo, te invito a caminar a mi vera en esta ocasión, y si
quieres toda la vida,
are you gonna be my girl?.