Y aquí estoy yo, genuina como soy, madrugando otro "buenos días".
Diciéndolo, creyéndolo y siéndolos, los buenos claro.
Ser solo se puede ser siendo, y decirlo y creerlo no se molestan entre ellos,
se compenetran más bien, decir que lo es y creer que es cierto; fácil, sencillo.
Ahora solo hazlo, haz que sea, sed, sean, buenos, días, noches, tardes, expresiones, tiempo, espacio, compañía, ánimo, realidad, ficción, ganas.
Tornan, cambian e incluso pueden llegar a desaparecer, por el contrario,
mejoran, impresionan y se vuelven insuperables.
De algo bueno salen ideas buenas, progresivas y relativas, de algo malo, solo salen incorrectos, planteamientos inacabados, platos de comida sin guarnición y payasos tristes.
El cielo es un mero escenario, sol, lluvia, indeterminado. No importa. Pero el día en sí, con cada una de sus 24 horas y todos esos acontecimientos específicos y personales encerrados en su reloj de arena, conforma los actores.
Actores, actrices, secundarios, guionistas y público por supuesto. Tuyo, mío, nuestro, suyo, de nadie, de esa tercera persona, de mi amigo, del tuyo, de cualquiera, ¿buenos?, del que quiera.
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