Pasar un día de tu vida delante de un espejo, conocerte como nunca antes lo habías hecho.
Disponer de todo lo necesario el día anterior y acostarte con tu alma perfilada en el espejo, comenzando así el viaje.
Un nuevo día y un nuevo sol que se esconde tímido ante la presencia del espejo, tu cara de recién despertada eclipsando al grande y perfecto vidrio opaco.
Empiezas a descubrirte desde minuto uno y no precisamente físicamente. Te darás cuenta de cómo eres de materialista en el mundo al ir recordando y revisando todas las cosas que pensaste de imprescindibles para vivir un día encerrado. Higiene, alimentación, entrenamiento, dirigidos a los momentos ‘mimos’ y a los momentos ‘fiesta’.
Te atreves a juzgar tu cara frente al espejo, desayunas frente al espejo, te lavas los dientes frente al espejo, te duchas frente al espejo, te vistes frente al espejo.
Poco a poco ya empiezas a emocionarte sobre tu hacer o a dudar sobre cambiar, que te gustas más y que te gustas menos.
Llega el momento de ir más a allá, ir al trono que todo rey tiene. Y como la mejor cura contra el estreñimiento mental, es cagarse de risa, te observas y te juzgas felizmente en uno de los momentos más privados que solemos tener, completamente solos, completamente nosotros.
Comes, estudias, lees, cantas, tocas, bailas, hablas, te ríes de lo que ves y te ríes de lo que los demás ven día a día. Llamas a un amigo, le cuentas la movida, tus reflexiones, tus ganas de experimentar aún más. Lo invitas y viene, trae ganas de pasárselo bien y cuenta con TODO lo necesario para llevarlo a cabo. Desde gominolas, pasando por cámara de video y terminando en una botella de vino.
Disfrutáis de toda la tarde. Se os ocurre incluso empezar a pintar el espejo extras para hacerlo todavía más divertido. Unos bigotes, alguien unicejo, un buen sombrero de señora…Sacáis vuestro lado más infantil y luego el más sentimental. Os besáis incluso para reafirmarlo, pero sólo lo hacéis porque sois amigos. Claramente con la puesta de sol de escenario. Delante y detrás vuestra, gracias al espejo.
Llega la noche y llega el momento de avisar aún a más amigos, fiesta en el espejo le dices, observas tu cara y la de tu amigo al escuchar las reacciones de los otros, locos nos llaman, locos parecemos, quizás lo estemos, y por ello no dudan en no perdérselo.
Después de horas a otro nivel, uno a uno van cayendo, dormidos, en el suelo, con caritas de ángel impresas reflejadas a la inversa. Te toca tu turno, los párpados pesan, las ideas emigran al país de los sueños y tú con ellas, despidiéndote del espejo hasta la próxima vez.
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