martes, 5 de febrero de 2013

El inerte sentimentalista

Tiene ahora unos 44 años, pero por su aspecto...
por su repelente aspecto podrías echarle unos 63 perfectamente.
Tuvo una vida muy dura, principalmente porque nunca pudo decir lo que sentía; todas las personas lo usaban como querían, sin darse cuenta de que aunque fuera un objeto inanimado podría caber la posibilidad de que pudiera sentir algo, y así era, pero sin voz, ya me diréis vosotros como podía transmitirlo.

En realidad su papel era demasiado importante en la vida de muchas personas, le daba trabajo, literalmente, a su dueño, dueño que no dudo en abandonarlo, como si no le hubiera proporcionado nada, cuando le enseñaron uno ''más'' moderno; y también a sus clientes, clientes a los que ayudó, en la mayor parte, a volver a vivir, sin miedos, sin fobias, felices.

Ahora vive en un vertedero, y sus dueños...
sucias y asquerosas ratas de alcantarilla que lo despedazan poco a poco día tras día, sin darse cuenta al igual que los humanos que podría llegar a dolerle esa actividad tan canibalista.

Él era el verdadero psicólogo, el que soportó patadas, gritos, mordiscos, hechos carnales, suicidios e intentos de estos, pesos de 90 u más kilos, risas, logros, reconciliaciones... ayudó y nunca se lo agradecieron.

El pobre diván color turquesa, escucha, sufre, y también sabe. El problema es que a él nadie le escucha...

...porque nadie puede oírlo.







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