lunes, 4 de febrero de 2013

Esto se llama amor ciego.

Me gusta, tiene agallas el leñador.
Se enfrentó al lobo, utilizó sus propias manos, sin machadas, sin palos, sin piedras; sin dolor físico.
No quería ser diferente, o por lo menos no lo aparentaba, pero lo era. Era un hombre y no un lobo disfrazado de hombre comiendo todo lo que se le pusiera delante, (preferiblemente con dos dedos de frente y tacones), un poco incoherente dado a sus principios de alopecia frontal y su medio metro mal medido.
 >Sin duda, era un lobo estúpido.

Sonaba un :
     "honey honey honey" de fondo cuando el leñador me rescató del siervo del lobo, un humilde suricato (también estúpido) que solo cumplía para poder comer un poco de yerba mágica, luego, se ocupó del lobo. Me llevó al acantilado, me quitó la venda de los ojos, y me contó toda esta historia que estoy relatando mientras disfrutaba con las micropartículas de sal que inundaban el aire con el romper de las olas.
No sé en que medida estas palabras son ciertas, ni como influyó el beso salado que me dio sin tocarme los labios, pero el leñador consiguió enamorarme con ellas y que decir de con él.

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